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Malawi

 Agosto de 1998

 Malawi fue protectorado británico hasta lograr su independencia en  1964, uniéndose a la COMMONWEALTH. Antes de  1994, año en el que se promulgó una Constitución democrática, el país estuvo en manos de un férreo dictador llamado Hastings Gamuza Banda. En la actualidad, el partido Frente  Democrático Unido ostenta el poder y el Presidente de la República, Bakili Mulaci, forma parte de este partido.

 Es relativamente pequeño, para lo que es África. Tiene una superficie 1/5 de la de España y una población  de 10,5 millones. Su capital Lilongwe cuenta con 400.000.

 El idioma oficial es el inglés pero el nacional es el chichewa. También hay otras lenguas indígenas como el Nyanja y el Tumbuca. La mayoría de ellos son cristianos pero hay un 15% de musulmanes y un 20% de animistas. Su unidad monetaria es el Kwacha de Malawi que equivale a 6 ptas.

 Cultivan: tabaco, algodón, maíz, arroz, mandioca, caña de azúcar y café. Como maderas tienen el cedro y la teca. Ganado vacuno y ovino y bastante pesca en el lago Malawi y  río Shire.

 Los recursos minerales están basados en el carbón, algo de bauxita, uranio y piedras preciosas (rubíes y zafiros). La mayor parte de la  energía eléctrica es hidráulica. Tienen alguna fábrica de cigarrillos, cerveza y cemento.

 Es uno de los países más pobres de África: su renta per cápita es de  170 US$; la cuarta parte que la de India.

 El recorrido que hice fue el siguiente: apenas llegué a la capital Lilongwe, tomé una pequeña avioneta en la que podían caber un máximo de 4 pasajeros, pero en la que siempre íbamos exclusivamente el piloto y yo. Con ella volamos,  durante unos 50 minutos hasta el parque nacional de Liwonde. Aunque se movía mucho, debido a las turbulencias propias del calor y también al hecho de volar a baja altura, el trayecto fue muy agradable pues sobrevolamos algunas montañas y parte del enorme lago Malawi que tiene algunas islas dentro de él. Aterrizamos en una pista-camino, con bastante suavidad, a poca distancia del diminuto Wildernen Safari Lodge con  capacidad para 8 personas y cuyo alojamiento consistía en una tienda de campaña bien acondicionada en medio de la selva. Éstas estaban muy distantes entre sí, por lo que me sentía totalmente aislado. Además estaban instaladas sobre una pequeña entrada que hacía el río Shire, con lo que podía observar a los animales y pájaros que venían a beber, al igual que cocodrilos hambrientos, que trataban de cazar algún inocente antílope que se distraía bebiendo en la orilla. Era muy frecuente ver elefantes, justo delante de la tienda, millones de pájaros, monos, facoceros, etc. ¡Una maravilla! Sin moverme de la terracita de la tienda podía, en un ratito, ver una treintena de distintas especies de pájaros. ¡Cuánto habría disfrutado aquí mi amigo ornitólogo Pere Garcias!

 Nunca había visto tantos pájaros en un parque nacional. Recorriendo el río Shire, que es el centro del parque, pude ver miles de elefantes, de cocodrilos, millones de pájaros, de hipopótamos, etc. Abundan los cormoranes de pecho blanco, que se dedican a blanquear los árboles con sus “caquitas”.

 Tres días recorriendo el río fue una experiencia muy agradable: Visité los humildes pueblos de pescadores, vi cómo pescaban, charlé con los barqueros que se dedican a transportar gente por el río, etc. Por  la noche regresaba a mi tienda para cenar y dormir. Los dueños del pequeño camping son anglosajones y todo estaba limpio, ordenado, puntual, acogedor, etc. La comida, que era buena, la regaba  con  un buen vino tinto de Sudáfrica.

 Desde el Parque Liwonde me trasladé, en  la ligerísima avionetilla (debe pesar unos 200 Kg.), a Salima y los pueblos ribereños del lago Malawi. Aterrizábamos  siempre en zonas llanas que el joven piloto conocía a la perfección; un neozelandés de nombre Russel que se  gana la vida  transportando viajeros aventureros. La avioneta se comporta muy bien y al piloto se le ve muy seguro. El total de saltos durante el viaje, contando Malawi y Zambia, han sido unos ocho. Todo fue bien. Las distancias que cubríamos no solían sobrepasar los 300 Km. y siempre iba solo con el piloto, salvo en una ocasión que llevamos a una chica que tenía que ir al médico urgentemente.

 El lago Malawi tiene 365 millas de largo por 52 de ancho. Existe mucho pescado con algunas especies endémicas. La navegación  resulta a veces incómoda debido al  oleaje. Aparte de los islotes, en las márgenes tiene playas, dunas, etc. Es como una especie de pequeño Mediterráneo.

 Desde Salima, pequeña ciudad junto al lago en cuyas inmediaciones aterrizamos, recorrí en un jeep  algunos pueblos del interior  de la costa;  salté a alguna de  las islas y  anduve por playas formadas por arenas blancas  provenientes de las dunas, zonas agrícolas, etc. La gente es inofensiva y  no te pide dinero ni te dan la lata tratando de que les compres algo; se ven pobres y pasando serias necesidades. Comen siempre Kasava: especie de tubérculo cuyas hojas se emplean como verdura que mezclan con arroz y cuya raíz machacan y comen como si fuera tapioca o mandioca.

 Esta parte de África está muy seca pues de mayo a octubre no cae ni una gota. Conducen por la izquierda. Lo más interesante de los países centroafricanos  es la amplísima fauna con que cuentan.

 Hay muchos musulmanes y bastantes mezquitas. El islamismo está tomando grandes dimensiones en África pues, al tener muchos hijos, están c

onsiguiendo mayorías en la población de países africanos que nunca fueron musulmanes.

 La agricultura es toda manual y primitiva. No he visto ni un solo tractor. Tampoco se ven coches ni motos, solo alguna bicicleta. La pobreza es inmensa. No tienen televisión, ni teléfono público ni estación de radio. La renta per cápita  es de 170 US$.

 Las carreteras o caminos son  muy malos; no hay industria; no hay nada. Las mujeres parecen más responsables que los hombres. Los pueblos y ciudades no son más que barracas o bien grupos de cabañas, de techos de paja montados sobre paredes de arcilla.

 Llama la atención ver a gentes sujetando con la mano un palomo vivo que quieren venderte por tres perras gordas.

 La capital Lilongwe, típica ciudad humilde africana, sin valor alguno. Aquí pasé la noche en una casa de huéspedes.

 Desde Malawi, en la avioneta, me desplacé a Zambia esperando que no nos derribaran de un cañonazo al entrar, sin previo aviso, en su espacio aéreo pues no hay comunicación de radio para hacerles saber de  nuestra entrada en el país.

 Si no fuera porque llueve y hay agua  abundante para poder cosechar y lavarse, este país parecería el sur de Sudán.

 Creo que volveré a Malawi en un periodo muy corto. El día en que me haga aún más “pajarero” de lo que soy. Volveré para disfrutarlo con más profundidad. ¡Hasta pronto!

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