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Guinea Ecuatorial (la)

 Febrero de 1998

 Nuestra no muy querida, ex-colonia,  Guinea, se hizo independiente  en octubre del 68. El odioso y odiado Coronel Teodoro Obiang Nguema instauró, allá por el año 80, un régimen autoritario salvaje y sanguinario y, finalmente, fingió establecer un sistema "democrático" abierto y multipartidista el año 93, del cual se ha colocado  como presidente y ahí queda eso.

 La isla de Bioko (antigua Femando Poo), con una población de unos 5O.OOO habitantes, tiene una superficie equivalente a las tres cuartas partes de Mallorca, pero sólo hay acceso a una pequeñísima parte de la isla ya que el volcán central, de más de 3.000 metros de altura llega al mar con unos taludes tan fuertes que no hay forma de hacer carreteras por esa zona. Aquí está Malabo, la capital del Estado, con unos 40.000 habitantes.

 La parte continental del país, nuestro olvidado Río Muni, cuya capital es Bata, tiene  una población de unos 230.000 habitantes y su riqueza principal radica en la exportación de madera. La superficie de esta parte continental son unos 25.000 kilómetros cuadrados, casi tan grande como Cataluña, y con enormes bosques y densísima vegetación.

 La población indígena (prácticamente toda) son bantúes: Bube, Fang, Combe, Indowe y Anobond y de ellos los, verdaderamente, numerosos son los Bube, que eran los únicos habitantes de la isla, y los Fang, que habitaban la zona continental. El petróleo y demás intereses comerciales hicieron que los Fang se trasladaran, a lo largo de los últimos años, a la isla con lo que ahora la etnia más importante en Bioko (Malabo) sea la Fang. Debido a ello, éstos ostentan el poder y someten a los Bube, a pesar de estar éstos en su propia isla. De aquí vienen muchos de los problemas.

 Actualmente hay un analfabetismo del 60 %. Aunque el idioma oficial sea el español (por el momento), lo que hablan entre ellos son sus lenguas bantúes. Lo que ocurre es que cuando hablan los de una etnia con la otra no les queda más remedio que entenderse en español. Lo hablan con dificultad hasta aquellos que se suponen educados y que son una minoría.

 Son Católicos el 80 % y el resto debe ser una especie de animistas raros. Afortunadamente Francia les dejó entrar en el sistema financiero de los países de Centro África y tienen una moneda común con los países francófonos y que es el CFA.

 En cuanto a la agricultura, la madera es lo más importante y después producen bananas, mandioca, aceite de palma, cacao y café, pero todo ello en pequeñas cantidades y sin tratarse de plantaciones modernas sino, más bien, lo dejado por los españoles de aquellos tiempos. Tienen buena madera como el palisandro, el ébano, el ocume, etc.

 La riqueza principal es el petróleo y el gas natural pero, también en cantidades más bien modestas, por el momento. Está previsto que su producción de petróleo se multiplique por 20 en unos 10 años. Solamente hay 5.000 coches en todo el país, lo que da  una idea de su bajísimo nivel de desarrollo. La miseria del país es comparable a la de Haití.

 Llegué a Malabo desde Camerún en un vuelo de 15 minutos de duración,  pues la distancia es de unos  60 kilómetros. La "terminal" del aeropuerto es una caseta, similar a las de obra, sucia y calurosa y la actitud de la policía, típica de un país con un régimen autoritario. Son  déspotas y tratan de intimidarte.

 La situación que me encontré fue la siguiente: La etnia Bube, cansada de que los Fang, que ocupan todos los puestos importantes del país, se vayan quedando con todo el dinero que entra (sobre todo el correspondiente al petróleo y al gas) y  no dejen nada para el pueblo ni para la mejora de la agricultura, la sanidad, las carreteras, etc., han preparado un mini ejército de liberación (al mando de un tal Alex) que está atacando en estos días y por sorpresa, al ejército regular del país.

 Por ello, todas las carreteras estaban cortadas por el ejército y no me dejaron salir de  Malabo. Como lo que  realmente quería visitar era la isla y no la capital, que no vale nada, acorté mi estancia todo lo que pude.

 Se me prohibió, terminantemente, que hiciera fotografías de nada de la isla, bajo la amenaza de quitarme la cámara. Mi enfado fue tan grande que conseguí ver al director general de Turismo, el cual, en un español deficiente, me pidió que, "por favor, no hiciera fotografía alguna, que estaba prohibido y que me metería en algún lío”. De todas formas, tomé algunas cuando no me veían.

 La única emisora de radio, estatal, emitía música militar, consignas y programas típicos de un estado de guerra o posguerra. Realmente lamentable y vergonzoso.

 La ciudad de Malabo está completamente abandonada: calles sin asfaltar o con unos baches que cabe un coche dentro. Salvo una iglesia de la época colonial, el resto no merecía la pena fotografiarlo.

 No funciona el agua y hay muchos cortes. Tampoco funciona la electricidad que no basta, y te dejan sin ella cada tres por cuatro. No hay "hoteles" suficientes y tienes que dormir en un antro etc.

 Pasé una noche horrible: el calor era sofocante, cerca de 36ºC con una humedad del 90 %, y ni tan  siquiera  tenía un ventilador. Había en la habitación: cucarachas, mosquitos, arañas y no sé que otros bichos que no había visto en mi vida. Al final del pasillo había un retrete y una ducha; el olor era horrible y además no me podía duchar porque no había agua. Así que todo el día sin lavarme…y ¡con esos calores! Recuerdo que la pensión se llamaba "La Morenita”. Los únicos edificios que tienen algo de carácter son los que les dejamos nosotros durante la colonización pero que, ahora, tienen un aspecto horrible porque ni los pintan.

 Las chicas, que pierden la virginidad a manos de su padre, hermano, primo o tío (o todos a la vez), suelen tener ya de muy jóvenes un hijo y para cuando se casan (si lo llegan a hacer), se han acostado ya con un centenar de negritos distintos. La promiscuidad hace que en África el sida se extienda a pasos agigantados.

 En los asquerosos restaurantes del lugar me sorprendió ver “lentejas con chorizo y calamares en su tinta”…increíble en África. Me comí un buen pescado a la plancha, que llaman ellos bacalao pero que, realmente, es una especie de mero.

 Hablando con unos franceses, la casualidad hizo que conociera al cuñado de un amigo de Palma, un francés que trabajaba para el gobierno, dentro de un programa de ayuda al desarrollo de los países europeos en Malabo, y pasé con él un par de horas, lo que me sirvió para ponerme al corriente de algunas cosas del país.

 Los guineanos lamentan que España sea de los países que menos participan en las ayudas y, además, que nuestra embajada sea de “prefabricado” (para llevársela cuando haga falta), mientras que las de China, Francia, etc., son buenos edificios.

 El petróleo y el gas que se extraen por aquí están en manos de compañías americanas y canadienses. El acuerdo que tienen  con el gobierno es darles un 10 % de todo lo que se venda. Esta oferta no puede ser igualada por los franceses.

 La gente es muy sumisa y amable, pero las "mordidas" son bestiales. Te pide dinero la policía, además con descaro; te piden dinero los de la aduana; te pide dinero el de sanidad cuando te pide el justificante de vacunación; te pide dinero el soldado que te abre la puerta para que pases al siguiente que te va a morder… y cuando crees que has acabado de pagar y que ya puedes irte: “¡Oiga, tiene que declarar el dinero que lleva encima, a ver, enséñemelo¡” “Es Vd. muy rico, ¿eh?” “Le cojo un poquito”…y así sucesivamente. La corrupción no tiene límite.

 A mi "pensión" llegaron 3 individuos negros, locales, bien arreglados, y se encontraron con un tipo libanés (aquí, en África, son como los judíos en Occidente) que llevaba una cartera abultada, y los cuatro se metieron en una habitación. Al cabo de 5 minutos salieron. El dueño de la pensión me dijo que los tres negros locales eran de Aduanas.

 Dejé este caluroso, corrupto, sucio, desordenado y maloliente país en una avioneta calurosa, sucia, desordenada y maloliente que no acababa de arrancar tras una hora parada en mitad de la pista y sin aire acondicionado. Dos personas se desvanecieron. No volveré  a la Guinea Ecuatorial, a no ser que me paguen bien. 

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