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Gabón (el)

 Febrero de 1998 

 Allá por el año 1960, Francia decidió concederle la independencia y, a partir de entonces, se formó una República presidencial con un partido único: el Partido democrático gabonés. Por intereses económicos con la oligarquía musulmana, el presidente Ornar Bongo (que ha estado en el poder durante 30 años) dejó su religión cristiana y se hizo musulmán. Finalmente, a partir del año 1990, se hacen elecciones multipartidistas, pero el P.D.G. sigue ganándolas, a pesar de la enorme corrupción.

 El Gabón es, con una superficie del 50 % de la de España, un país rico en cuanto a que tiene mucho petróleo, gas, fosfatos, uranio, manganeso, muchísima madera, etc., pero muy pobre desde el momento en que su renta per cápita no sobrepasa los 1.000 US$, mientras que España tiene 14.000. Se debe, de un lado, a la enorme corrupción, y de otro, a que una amplia población no participa del desarrollo y se mantiene viviendo en forma de tribus y en chozas de barro. Es por lo que se ven obligados a permitir la entrada de trabajadores de Nigeria, Benin, Chad, Costa de Marfil, etc. para poder desarrollar el país. La población, sin incluir los inmigrantes a los que jamás dan la nacionalidad, es de sólo 1,3 millones de habitantes. Las etnias, todas ellas de origen bantú, son: Fang, Epunu, Njebi, etc. La mayor actividad industrial está en la capital Libreville, con su enorme puerto, y también en la ciudad de Port-Gentil, capital del petróleo.

 El analfabetismo ronda el 45 %. El idioma oficial es el francés, aunque lo habla poca gente, y el idioma de la calle es el bantú (Fang). 

 La mayoría de la población es cristiana, un 60 %, después vienen los protestantes, un 20 %, los animistas, un 15%, musulmanes, 1 %, etc.

 La unidad monetaria es el franco CFA de la comunidad de países francófonos de Centro África.

 El calor en este mes de febrero ha sido sofocante, pues no sólo las temperaturas han sido altísimas sino que, además, el punto de humedad rondaba el 85 %. Mi camisa y mis pantalones chorreaban y, hasta mis manos goteaban. En ocasiones parecía que me iba a desmayar.

 En cuanto a la agricultura, poseen mucho maíz, mandioca, plátanos, cacao y café. Árboles de grandes dimensiones y de muy buena calidad de madera, como el ocume, el akajou, etc. configuran los bosques que ocupan el sur del país.

 El sol está tan vertical que, al no haber apenas sombras, las fotografías son sosas y los colores verdes no brillan nada. Las palmeras y los árboles salen oscuros y es una pena pues hay mucha luz y la vegetación y los bosques son muy densos y  tropicales. El tiempo ha sido malo: cuando no llovía el cielo estaba muy cubierto con nubes grises.

 Los gaboneses, todos de raza negra, no tienen en su fisonomía nada llamativo ni exótico. Son muy agresivos. Cuando tratas de tomarles alguna fotografía te amenazan con un cuchillo o con una piedra. Los animistas, concretamente, creen que al hacerles la foto les arrancas parte de su alma. Son, también, muy agresivos entre ellos y con frecuencia se pegan entre ellos mismos.

 El nivel de vida  es alto, para ser un país africano, pero todavía tienen mucha miseria. Se ven muchos inmigrantes negros de etnia peul y bambara venidos de Burkina y Níger.

 La capital Libreville no vale nada, por lo que la belleza del país hay que buscarla en la naturaleza: los bosques, la selva y, en general, la densa vegetación y los ríos. También son muy bonitas las plantaciones de cacao, plataneros, palmeras, etc. Tienen unas frutas maravillosas: papaya, piña tropical, bananas, guava, etc.

 Beben un vino que hacen  de caña de azúcar, otro  de palmera y una cerveza artesanal de banana o de maíz, que sabe horrible. En los mercados públicos se ven muchos monos despellejados para ser vendidos. Al no tener frigoríficos y las temperaturas ser tan altas, las carnes huelen que apestan. El pescado, que no me dejaron fotografiarlo, al igual que los monos, puede que sea "fresco", pero huele que tira de espaldas. No te dejan fotografiar nada que sea de ellos, ni siquiera una vaca que esté pastando, pues consideran que tienen la total propiedad y piensan que las fotografías pueden hacer daño al objeto de las mismas. Así se comportan, sobre todo, los animistas. Todo es un fetiche para ellos, o un fetichismo.

 Las gentes no pueden ser más antituristas ni menos hospitalarias; sólo les faltaba escupirme, claro que el único turista que había en el país creo que era yo. Además, son tan vagos e indolentes que, en las tiendas, están tumbados en hamacas o tumbonas y te insisten en que les compres, pero sin levantarse o incorporarse para nada. Su apatía y desinterés, sobre todo más en los hombres que en las mujeres, no facilita las compras en absoluto.

 Las carreteras van siempre llenas de grandes camiones y plataformas con enormes troncos de árbol. La madera, aparte del petróleo, es la principal riqueza de este país. Hice algo de amistad con un pintor negro que estaba un poco loco pero que tenía alma de artista. Pintaba cosas "naif' con un primitivismo propio de los jamaicanos. Su novia era muy simpática.

 A pesar de la riqueza y la estabilidad política, el nivel de vida es todavía muy bajo. Los pocos ricos que hay, normalmente musulmanes, se llevan fuera su dinero.

 Visité una amplia zona del parque nacional de Wonga-Wongué, aunque poco pude ver debido a la densa lluvia que tuve durante dos días. Para ello alquilé a un tipo nigeriano con un coche, una especie de cacharro viejo de los años 70. Salimos de Libreville y recorrimos unos 400 kilómetros en dirección al Congo, pasando por pueblos como Mauita y Tougamou, y ríos tan enormes como el Ogüé a su paso por la ciudad de Lambarené. La vegetación era devoradora, llegando momentos en que asustaba. Apenas había mosquitos, pero sí millones de libélulas y otros insectos. Por los ríos corrían los troncos hasta llegar a los puertos de mar donde se sacaban del agua y se embarcaban…Pasé por zonas de selva, atravesadas por un ferrocarril dedicado exclusivamente al transporte de troncos y por muelles, en la ribera de los ríos, en donde se almacenaban los mismos antes de ser lanzados al agua. Cuando llueve hay agua por todas partes.

 Port-Gentil es sólo la capital del petróleo y no tiene más interés.

 El único tipismo proviene de las tribus y etnias de los inmigrantes que se han aposentado aquí desde hace varias décadas.

 Al finalizar mi pequeño recorrido, regresamos, mi negrito nigeriano y yo, a la capital. Nos dirigimos al centro y aparcamos justo al lado de un puesto de la policía en la plaza del palacio presidencial en la que, además, había una mezquita en la que va a orar el presidente: Omar Bongo. Me disponía a hacer una fotografía de la mezquita cuando, tras decirme a voces que estaba prohibido, un policía me cogió y me llevó al interior del puesto. Después de mostrarle el pasaporte, que no valió de nada, tuve que entregarle el carrete de la máquina (con 26 fotos hechas) pues me amenazaba con pegarme o encarcelarme. A continuación, hizo pasar a mi negrito al "interior", en donde le propinaron una paliza. El jefe del puesto, un negro más chulo que la policía española en tiempos de Franco, me dijo “que le diera el dinero que le debía a mi chófer, incluida la propina, y que me largara inmediatamente de allí”. Obviamente, el dinero era para la policía, con lo que mi chófér, que estaba a punto de ser padre por cuarta vez, se quedó sin lo que había ganado durante 3 días de trabajo y quizás con alguna costilla rota. Quise quedarme a esperar, pero me obligaron a coger mi maleta del coche y largarme.

 En este país no se ven animales - aparte de la policía - salvo algún que otro pájaro como aguiluchos y garcillas bueyeras. También se ven pajarillos muy pequeños con algún color como rojo o verde.

 Cuando dejé el Gabón salió el sol, que no había visto en varios días; desde el avión que me conducía a Camerún  pude ver el precioso espectáculo: la vegetación es tan densa y los árboles tan pegados y  apiñados unos a otros que, desde arriba, el conjunto parecía una enorme coliflor. La selva no deja ningún espacio vacío, como no sea para dejar paso a esos caudalosos ríos que la cruzan.

 El Gabón es un país ecuatorial tremendamente verde, poblado por gente tremendamente bastarda.

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