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Etiopía 15

Noviembre de 2015

 Mi primer viaje a Etiopía fue en octubre de 1997 cuando su población se acercaba a los 54 millones. Recorrí, en aquel entonces, no solamente la destartalada y poco atractiva capital, Addis-Abeba, sino los lugares de interés turístico del Altiplano del Norte y el Valle del Rift en el que abundan los lagos y la excepcional fauna, formada principalmente por aves. No hay que enfadarse por el adjetivo de “destartalada” porque así son la mayoría de las capitales africanas. En aquel entonces, creo recordar, era uno de los países más pobres de África y del mundo…y creo que su “ranking” no ha mejorado mucho.

 Mi segunda visita, en julio de 2001, tuvo que ver con mi viaje a Somalia en esa fecha, ya que tuve que partir de aquí para evitar el peligro de otras fronteras. En esta ocasión repetí mi descenso al Sur para adentrarme más en esa larguísima y maravillosa depresión, regalo del cielo, llamada Valle del Rift y que resulta aún más completa cuando continúa por Kenia, Tanzania, etc. lo que es debido a la fauna de los grandes mamíferos. La parte del Valle que tiene Etiopía solo encanta a los amantes de los pájaros africanos. Creo que son endémicos de esa zona los pájaros  llamados  longtale widowbird  y lammergeyer .
 En la actualidad, en el momento de este tercer viaje, la República Federal de Etiopía anda por los 88 millones de habitantes que malviven en una superficie que duplica la de España. Addis ya pasa de los 3 millones y siguen con su birr como unidad monetaria. Ahora, un euro equivale a 23 birr. La dinastía milenaria de Haile Selassie  fue derrocada por un golpe de estado compuesto por grupos marxistas-leninistas que, al llegar el año 1991 y desaparecer la URSS, fueron a su vez derrocados por el actual partido en el poder llamado Frente Democrático Revolucionario. En este momento la mortalidad infantil, altísima, está por encima del  5% y la esperanza de vida está lejos de  llegar a los sesenta  años ni siquiera en la mujer. Los grupos étnicos más importantes son los oromo y los amhara; y es éste último el que ha implantado el idioma oficial: el amhárico. No hay católicos pero sí un 45% de ortodoxos – coptos,  otro 35% de musulmanes y otro 20% de protestantes. La renta por habitante ha subido a 500 dólares lo que supone, entre otras graves carencias, que solo un 5% de la población tiene televisión. Como referencia, la renta española es 55 veces mayor.

 Tienen buen café, doy fe, que exportan, y por supuesto tienen cuantos cereales pueda uno imaginar: sorgo, mijo, orzo, etc. La poca industria que tienen está en las afueras de Addis; así que es un país muy deficitario y requiere constantemente de ayudas de la ONU. Como Eritrea, su vecino por el Norte, no le deja acceder al Mar Rojo,  utilizan el puerto que les brinda Djibuti, antiguo protectorado francés, para sus exportaciones. Algo extremadamente triste es que el analfabetismo pasa del 75% y la existencia de tan solo un médico por cada cinco mil habitantes. La mitad de la población no tiene acceso al agua potable. Más de 3,5 millones de casos de malaria… No quiero seguir dando datos, me entran escalofríos.

 Una vez más volé con la Ethiopian desde Madrid, ahora con un bonito tapizado de asientos y aseos más cuidados y, siempre, con amables y bonitas azafatas que intentan, entre sonrisas, su mejor inglés. Entre el pasaje no me pareció distinguir un solo etíope; me parecieron más bien europeos, trabajadores de ONG y algunos turistas. Así las cosas; son pocos los etíopes que pueden  permitirse pagar un vuelo al continente europeo. El aeropuerto de Addis tiene buen aspecto, pero me hicieron falta dos horas de larga cola para conseguir el visado. Encontré a  la capital Addis algo más limpia que en otro tiempo y con coches más nuevos aunque el tráfico sigue  siendo totalmente anárquico.

 Addis Abeba me recibió con lluvia y oscuridad. Sus 2.500 m de altitud se notan con cierta pesadez de cabeza. Por si esto fuera poco subí a su famoso mirador, situado a 3.500 m para observar la vista de la ciudad; no pude ver nada pues había niebla y acabó lloviendo a cántaros. Por el tramo de camino que hice a pie contemplaba cómo un grupo de mujeres, un tanto desaliñadas, las pobres, cargaba cada una con un gigantesco hato de leña a la espalda para venderlo y ser usado en las primitivas cocinas o simples fuegos de leña que utilizan para cocinar. Les di algo de suelto que llevaba y a cambio se ofrecieron para que les hiciera fotos. Había comenzado a llover. Es muy lamentable ver como esta parte de África no acaba de levantar cabeza. El nivel de aseo es bajo, muy bajo, el agua es un bien escaso y cuando el río, si lo hubiera, queda lejos, esta gente tan pobre tiene otras prioridades más imprescindibles aún para subsistir.  Addis, aparte de la visita a los museos Etnográfico y Nacional, en el que se encuentra una réplica de los restos óseos de la famosa Lucy, y la iglesia de San Jorge, no tiene otro interés. Es una enorme ciudad gris y sucia que ni siquiera su famoso mercado, inmenso y sucio, tiene color alguno.

 Estoy en el mes 2º del calendario Juliano. El día de hoy, 19  de noviembre de 2015 de nuestro calendario gregoriano, es para ellos el 6 de noviembre del mismo año de su calendario Juliano.

 Ahora es la temporada seca. La lluvia aparece solo en los meses de junio, julio y agosto. Los andamios los hacen con troncos finos de acacia africana o de jóvenes eucaliptos. De hecho, a estos últimos, no los dejan crecer con un tronco grueso sino que les obligan a arrancar con 4 ó 5 troncos para que sean más delgados y así poder utilizarlos para aperos o andamiajes.

 Según ellos mismos dicen, tienen 80 bables, repartidos por toda la geografía y que es nada menos que el doble de la de España. Los árboles que más se observan son las jacarandas, los ficus, los flamboyanes y los cedros gigantes. Antes de partir hacia el Norte, pasé una noche en un hotel  de Addis que decían que era de 4 estrellas… fue una mala experiencia dada su suciedad, su mal servicio y el hecho de que desde las dos de la madrugada un muecín de una cercana mezquita no callara hasta las 5 de la mañana, hora en la que  tuve que levantarme para tomar un temprano vuelo a Bahar Dar. Según decía la gente de la calle con la que hablé, el paro es superior al 50%.

 En el avión me arreglé para tomar el asiento más conveniente para poder hacer fotos de las cordilleras que sobrevolaríamos. Lo malo fue que la suciedad de la ventanilla de plástico me impidió hacerlas. Llegué a Bahar Dar y me dispuse a visitar el Lago Tana, del tamaño de la isla de Mallorca, en el que hay unos monasterios, situados en pequeñas islas, y construidos en el siglo XIV con preciosos frescos del siglo XVII sobre temas coptos. El hecho de que actualmente se utilicen buena parte de las aguas del lago para una central hidroeléctrica y, por otra parte, el cambio climático que ha originado una impresionante sequía  han dado como resultado que al haber poca profundidad las aguas estén sucias de barro y no tengan el encanto de mi anterior  visita en 1997. Por si fuera poco, el nivel ha descendido muchísimo y la profundidad es tan poca que las barcas deben de navegar lentamente para evitar rascar el fondo.

 Este lago rebosa por medio de unas cataratas, llamadas Tis Isat, y que son consideradas el origen del río Nilo-azul. Una de las mayores decepciones que he sufrido al visitar nuevamente un país, me ha ocurrido aquí. Estas enormes y caudalosas cataratas de medio kilómetro de longitud que había visitado anteriormente, ahora se han convertido en una ridícula cascada con agua llena de barro cuya fotografía acompaño. Hay que tener cuidado a la hora de decidir regresar a un lugar que hemos amado…las cosas y las personas pueden haber cambiado tanto que llegue a borrarnos el bello recuerdo que teníamos. La subida a la cascada, desde el último tramo de carretera, es de gran dureza y dificultad y requiere tres cuartos de hora de duro trepar con el calzado adecuado para saltar de piedra en piedra por un sendero de rocas basálticas puntiagudas.

 Al siguiente día y muy temprano iniciaba el recorrido por carretera desde Bahar Dar hasta Gondar, 180 km, lo que supuso unas 4 horas, atravesando poblados, montañas, zonas con terrenos de cultivo, etc. Presencié, al igual que durante mi visita en el 97, el funeral, a campo abierto, de una persona de la zona. El proceso es el siguiente: Comunicado el fallecimiento, por medio de cornetas especiales para tal fin a las aldeas vecinas, se produce el funeral al día siguiente y, para ello, se cita a la gente con el uso, nuevamente, de las citadas trompetas. Poco después empiezan a aparecer en la lejanía los primeros asistentes a quienes se les ve caminar, en fila india, sobre la cresta de las colinas adyacentes. Después, tras esperar  la llegada de los supuestos asistentes, comienza el funeral que se inicia con la lectura, por parte de un asistente, de versículos del antiguo testamento. A continuación vienen los cánticos y los responsos. (Léase mi viaje de 1997).

 En el trayecto también me detuve a ver con detalle el tipo de cabañas que habitan: están hechas con troncos finos de eucalipto, clavados en el suelo verticalmente, y rellenados los huecos entre ellos con una masa hecha de arcilla amasada con trozos pequeños de paja provenientes de los cereales: mijo, orzo etc. De esta forma consiguen más estanqueidad y mejor aislamiento térmico y, finalmente, techo y puerta son de chapa ondulada posiblemente subvencionada por el gobierno o por una ONG. Me detuve para ver mercados, pues era domingo, y vi el ambiente y el bajo nivel de puestos de venta en el suelo. Me llamó la atención, además de los ciegos y tullidos que acuden a estos sitios a pedir limosna, la existencia de algún retrasado, tipo nuestro famoso “Bobo de Coria”, que tiraba piedras a todo turista que veía o bien amenazaba con el palo típico que llevan aquí los hombres del altiplano.

 Llegué a Gondar,  pueblo grande que no tiene mucho valor pero si es famoso históricamente pues fue la capital del país por un tiempo y hoy declarada Patrimonio de la Humanidad por su recinto real amurallado del siglo XVII. Con múltiples castillos y con una particular arquitectura influenciada por arquitectos portugueses venidos de Goa, ha conseguido tener un estilo propio que lleva el nombre de Gondar. Por supuesto, y en un oscuro y lluvioso día, disfruté visitando los seis castillos y sus interiores.

 A primerísima hora de la mañana siguiente tomé un vuelo en un pequeño avión para saltar al famoso pueblo de Lalibela. Intenté, nuevamente, sentarme junto a la ventanilla con el fin de hacer fotos del altiplano pero, también nuevamente, los plásticos sucios y rayados de las ventanas me lo impidieron. Con una población de unos 30 mil habitantes es quizás la localidad más pobre del altiplano. Lalibela tiene algo muy interesante: 11 iglesias excavadas y esculpidas en el interior de una colina de roca basáltica, ¡casi nada! El turismo es casi su único ingreso y el que proporciona algo de trabajo a la gente. Las obras que se hacen, como el arreglo de paseos para los turistas, dan trabajo sobre todo a las mujeres que, curiosamente, componen mayoritariamente  la plantilla de trabajadores de la construcción.

 Me pasé tres días en Lalibela recorriendo las mencionadas iglesias con bastante detenimiento e imaginándome su construcción a base de vaciar a mano un gigantesco pozo en cuyo interior dejaban el enorme monolito que iba a convertirse en una iglesia. Posteriormente, y a través de la que habría de ser la puerta de entrada, comenzaban a vaciar y esculpir su interior con gran paciencia. A medida que vaciaban iban esculpiendo las columnas, los arcos, las bóvedas, las cúpulas, los retablos…¡impresionante! Nadie debería perderse esto. Después esculpieron pasajes del antiguo testamento y santos, pintaron frescos, colgaron pinturas, etc. Las columnas y las bóvedas llevan labradas figuras y adornos. El motivo de estas construcciones no era otro que enterrar las iglesias, en cuyo interior la Iglesia Copta de Etiopía guardaba sus tesoros, para evitar que fueran robadas por las frecuentes incursiones de sus enemigos; por ello no construían ventanas sino huecos de ventilación. Las ventanas que se observan desde el exterior son solamente decorativas y no atraviesan la pared rocosa. Además hay varios monasterios a visitar, de no mucho valor, situados próximos a los tres mil metros de altura, mientras que las iglesias enterradas están a dos mil y algo. Lalibela quiso ser la nueva Jerusalén tras haber sido tomada ésta por los musulmanes.

 Las mujeres del altiplano llevan aún una vida más dura: además de hacer sus trabajos con  sus hijos a la espalda, deben subir y bajar colinas muy accidentadas para desplazarse dentro del mismo pueblo, al tiempo que llevan un bidón de agua para la casa. Da pena verlas cargadas como un burro.

 Las comidas que he visto en los lugares donde he comido están formadas por carne de cordero viejo cortada en pequeños trozos a la que  le añaden un fuerte picante o bien la tilapia de los lagos y embalses o la famosa perca del Nilo, también acompañadas de fuerte picante; suelen hacer sopas de diminutas lentejas acompañadas de grasas de cordero disueltas y espaguetis con salsa de tomate. Toman mucha injera, que es su pan, al que le añaden a veces, salsa picante y que está hecho de un cereal llamado teff, bueno para los celíacos y para las dietas bajas en calorías. De postre siempre plátano y a veces acompañado de diminutos garbanzos tostados.  El café es buenísimo y frecuentemente se les ve tostarlo en la calle en una sartén sobre un fuego de leña. Hay quien le añade pimienta y hasta jengibre.

 He vistos algunos turistas españoles y hasta mallorquines, pero a los que nunca veo son a los asturianos ya que viajan poquísimo. La gente por aquí sigue las horas del sol que son de las 6 a las 18 para, así, gastar menos electricidad, si la tuvieran. Se ven empresas chinas haciéndoles carreteras, grupos de chabolas, etc. La gasolina es muy cara para ellos pues cuesta 0,60 euros el litro lo que para su nivel de vida es una fortuna. Tienen su propia cerveza y además varias marcas; suelen ser lagers de poco alcohol y resultan refrescantes. La que más me gustaba era la Dashen. Son gente muy delgada y son muy pocos los que fuman pero sin embargo su esperanza de vida sigue siendo muy baja y concretamente en el hombre no pasa de 50 años.

 Posteriormente salté a Axum, con un aeropuerto pequeño y muy limpio, otro lugar Patrimonio de la Humanidad, situado en el mismísimo final del norte de Etiopía, rayando con la frontera con Eritrea. Nada tiene que ver con el resto del país: aquí la gente va muy aseada, se ducha frecuentemente, llevan ropa limpia, las calles no tienen nada por el suelo, no hay desidia ni abandono, sino orden y limpieza por todas partes. ¡Qué maravilla! Bajo el punto de vista religioso, Axum es una especie de Vaticano de los coptos, aquí está la famosa y misteriosa Arca de la Alianza, depositada en su catedral de Sta. María de Sión, tras haber pasado 800 años en uno de los monasterios del Lago Tana. Eso dicen.

 Axum, a 2.200 m de altura, fue tierra de camitas y es como el origen, el nacimiento de todas las historias, leyendas y creencias sobre la creación (aquí está el sepulcro de Adán, de aquí eran los reyes magos, etc.) y la evolución de una vida religiosa paralela a la católica. Dicen ser el origen auténtico de nuestras creencias religiosas en Occidente, destino de uno de los hijos de Abraham, verdadera historia sagrada que nos contaban de niños, hablan de miles de años, de Salomón y la reina de Saba, de Moisés, de muchos siglos antes de Cristo, del Arca de la Alianza…

 Algo realmente auténtico y fascinante son las estelas, monolitos de piedra granítica, erigidas en un lugar privilegiado del pueblo, construidas varios siglos antes de Cristo. Una de ellas, llamada Ezana, tiene 21 m y existe otra, en trozos debido a haber caído, que tiene 33 m. Eran indicadores de cámaras funerarias.

 En Axum se habla el mismo idioma que en Eritrea, a 40 km de la frontera, a la par que el comportamiento de la gente es idéntico. La reciente historia nos recuerda que, hace un par de décadas, solo 3 millones de eritreos lucharon por la independencia de Etiopía y vencieron a los, entonces, 54 millones de etíopes debido, precisamente, a que se trata de gente ordenada, organizada, limpia y disciplinada mientras los etíopes son más dados al desorden, el abandono, la desidia y la suciedad.

 El 35% de la población es musulmana y las mujeres, algunas con niqab y pocas con hijab, practican discretamente la sinna, que es la circuncisión femenina de parte del clítoris y, siguiendo influencias sudanesas, existen aisladamente casos de aplicación de la circuncisión total que supone cortar también los labios menores y parte de los mayores.

 Durante mi estancia en Etiopía radicales islamistas produjeron varios atentados en París que causaron cerca de 150 muertos.

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