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Egipto 00

 Febrero de 2000

 El objetivo de éste, mi cuarto o quinto viaje a Egipto, era el de acercarme a Alejandría y al canal de Suez, lugares que nunca había visitado. También aproveché para darme una vuelta por la capital.

 EGIPTO, con una superficie que dobla la de España, tiene ya sus casi 70 millones de habitantes. El Cairo, más sucio y desorganizado que nunca, alcaza ya los 11 millones. La paridad, o falsa paridad, que el gobierno ha impuesto entre el dólar y la libra egipcia hace que todo nos resulte caro. Ahora una libra vale 50 Ptas. (0,30€). Resulta increíble que un país de sólo 1.000 US$ de renta per cápita resulte más caro que España donde llegamos a los 14.000 US$.

En este momento Egipto pasa por una bonanza económica y hay poco paro. La gente parece estar muy contenta con el presidente MUBARAK. La esperanza de vida ha subido sensiblemente: 67 años. El petróleo, el turismo, el canal de Suez y la agricultura constituyen su única riqueza.

 El petróleo se concentra en la zona del Mar Rojo: Sinaí, golfo de Suez y el Alamein. También tienen gas natural. Sus puertos principales son: Alejandría, Suez y Port Said.

 El analfabetismo, oficialmente admitido, roza el 40%; la suciedad, basura, abandono y desorden alcanzan el 100%. Es un verdadero cúmulo de roña, mierda y podredumbre. Van a peor. Entrar en un váter público es horrible. Lo mismo ocurre en los servicios de los aviones, aeropuertos, hoteles y casas particulares.

 Pasé un día recorriendo el canal de Suez, que funciona desde 1869, con mi coche de alquiler y mi conductor. En la actualidad sólo pueden pasar 80 buques en 24 horas. Tiene, teóricamente, 160 kilómetros de longitud, aunque la parte de canal es sólo de 10 km. con un ancho de 280 m. en superficie y 100 metros en el fondo. Profundidad máxima 20 m. Sólo se permiten barcos de un máximo de 170 m. de eslora. El paso lleva 15 horas.

 Lo atravesé transversalmente un par de veces en un pequeño ferry que pasaba camiones de una orilla a otra. Me hice una foto sobre el ferry en medio del canal. Visité las oficinas del canal: pocilga maloliente de funcionarios de asquerosa vestimenta y de mobiliario lleno de roña. No quisieron darme explicaciones sobre éste diciendo que eran ''temas de guerra". ¡Lo que hay que oír!

 Vi el marino, que había conocido en YIBUTI dos semanas antes, atravesarlo con su barco de 14 metros. Fue una increíble casualidad. Yo estaba al borde del canal y le saludé. No sé si me reconoció.

 Me desplace desde  el Cairo a Alejandría con mi chofer, llamado José, para recorrer todos los puntos turísticos de la zona: palacio Montana, Biblioteca, la Ciudadela o palacio del Sultán, la mezquita, el puerto de pescadores y el teatro romano.

 La nueva biblioteca, que almacenará millones de libros, no está todavía abierta al público. El edificio está formado por un estanque, que simula el Mediterráneo y, sobre él, un gran cilindro (pareciendo el antiguo faro de Alejandría) cuya cubierta, de espejo e inclinación 22º, representa al sol (dios RA), con el ángulo que tiene durante el trópico de cáncer.

El clima en Alejandría es más húmedo. La gente viste mejor, es más limpia, más moderna y hablaban conmigo pidiéndome que les hiciera fotos. Tiene unos 3 millones de habitantes.

 Comí pescado del Mediterráneo en la terraza de un restaurante típico. En mitad de la comida, un camarero hizo un "gesto" a una chica que iba acompañada por varios hombres. A continuación se produjo una desagradable y grotesca pelea entre  los camareros y los clientes, en la que asomaron las navajas. Tuve que salir por pies. Al parecer los clientes eran jóvenes de la Universidad de Alejandría. La pelea duró unos 20 minutos y al final eran casi 50 los que se zarandeaban. La Policía no acudió al lugar. Así es Egipto.

 Durante mi estancia en El CAIRO volví, por cuarta o quinta vez, a visitar las pirámides, Memphis y Sakkara, etc. Esta vez no dispuse de tiempo para visitar el museo como había hecho en otras ocasiones. En las tiendas siguen vendiendo papiros hechos de plátano y jurando que son auténticos. El Nilo es siempre bello y misterioso. En este país, al igual que en Yemen, Yibuti y Eritrea, países que he visitado en este viaje, he observado que la gente se abriga muchísimo más que los europeos.

Memphis sigue siendo un lugar de polvo. Salvo la escultura de Ramsés II, llena de polvo y mierda, el resto tiene más hormigón que piedra granítica. Las pirámides, ahora comunicadas por una horrible carretera asfaltada, siguen siendo el plato fuerte de la zona. La esfinge mantiene su dignidad y arrogancia de siempre.

 Los egipcios siguen fumando, aunque menos, su pipa de agua, la que contiene tabaco egipcio con sabor a manzana o a miel.

 Me voy de Egipto, ésta vez, desilusionado por la cantidad de mierda que rodea al CAIRO y con la esperanza de volver a mi encantadora LUXOR a no mucho tardar.

 Hasta otra.

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